Nací y vivo en México, en la ciudad del mismo nombre. 

La palabra México proviene del Náhuatl Mexitli «Lugar del Ombligo de la Luna» y como en muchas culturas, desde tiempos ancestrales, a la Luna se le rendía tributo y en ocasiones, se le atribuían diferentes grados de poder de influencia sobre nuestro comportamiento, desde inspirar poesías hasta convertirnos en «lunáticos». Creo que parte de su encanto y misterio era lo cercano de su brillo, pero al mismo tiempo su eterna lejanía.

El 20 de julio de 2019 se cumplieron 50 años de la llegada del hombre a la luna, 4 días después de su despegue desde Cabo Cañaveral, coordinado desde el centro de comando de la NASA en Houston.  

El 12 de septiembre de 1962, en la Universidad de Rice en la misma ciudad de Houston, J. F. Kennedy dio un discurso visionario para llevar al primer hombre a la luna, sus palabras que quedaron grabadas para la historia. 

Dicho discurso es una gran lección de liderazgo, contiene el poder de una visión, con gran imaginación para sacar lo mejor de nosotros mismos; trabajar duramente por ese objetivo, transmitir optimismo por lograr el desafío de forma unida y establecer metas concretas para no perder el rumbo.  

Además de tener una visión poderosa, una excelente retórica e invitar a participar de dicha visión describiendo el ¿por qué? («el why»), Kennedy sorprendente y curiosamente pasa por todo el proceso de logro de objetivos. 

El método definido por Doran G.T. denominado SMART «Toda meta debe de ser eSpecífica, Medible, Alcanzable, Realista y con definición de Tiempos específicos». Parte de la transcripción del mismo:  

Visión: 

«¿Por qué, se preguntarán algunos, elegimos la Luna? ¿Por qué la elegimos como nuestra meta? Y tal vez, también se pregunten: ¿Por qué escalar la montaña más alta? ¿Por qué 35 años atrás volamos sobre el Atlántico?  

Apoyarse en las fortalezas: 

Elegimos ir a la Luna, en esta década, no porque sea fácil, sino porque es difícil. Porque esta meta, servirá para organizar y probar lo mejor de nuestras energías y habilidades.

Transmitir confianza: 

Porque este desafío es uno que estamos dispuestos a tomar. Un desafío que no estamos dispuestos a posponer. Y uno que pretendemos ganar, y a los demás también.

Establecer metas concretas (SMART) y eSpecíficas: 

Nosotros enviaremos a la Luna a más de 300.000 km de distancia, desde la estación de control de Houston.  

Medibles: 

Una nave gigante, de más de 100 metros de alto, como el tamaño de este campo de fútbol. Será creada de nuevas aleaciones metálicas, muchas de las cuales aún no han sido inventadas, capaces de soportar altas temperaturas y presiones, a niveles que jamás se han experimentado, con una precisión más perfecta que la que se encuentra en un reloj fino.

Alcanzables: 

Llevará todo el equipo necesario, para la propulsión, guía, control, comunicación, comida y supervivencia. En una misión jamás antes intentada, a un cuerpo celeste desconocido.  

Y luego, lo haremos volver de manera segura. Y entrará a la atmósfera a velocidades que superarán los 56.000 kilómetros por hora. A temperaturas tan altas, casi como las del Sol.  

Realista: 

Y hacer todo esto, hacerlo bien, y hacerlo primero.  

Definido en el Tiempo: 

«Antes que termine esta década, porque debemos ser audaces».  

Sin duda Kennedy tenía un gran poder de oratoria y carisma para transmitir su mensaje, también el poder de una visión tener la confianza para conseguir un gran desafío, logrando metas que nadie alcanzó antes. 

Alguna vez Walt Disney dijo
«si lo puedes imaginar lo puedes lograr»  

A 50 años de la llegada del hombre a la luna, este cuerpo celeste nos recuerda lo que el hombre puede conseguir con determinación, voluntad, esfuerzo y tecnología, pero también nos regresa a nuestra humanidad, al contacto con nuestro espíritu más íntimo.

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